PARTE 1
Eran las 11:11 eso marcaba el estéreo, entre tanto la lluvia se hacía notar después de un par de meses de ausencia, ya empezaba a evaporarse el sudor de días de ajetreo en la ciudad y el calor era más pronunciado. Entre los truenos y la mala sintonía de la radio Armando espera inquieto dentro del coche cerró la puerta y prendió el clima para ahuyentar el vapor. Los vidrios se habían empañado y no podía distinguir el exterior, de pronto entre el agua y el ruido una mano golpeaba con fuerza el cristal delantero, espantado Armando intentó distinguir el rostro y antes de bajar el cristal limpió con su puño su ventana para cruzar alguna mirada con tan insistente persona. – Ábrame. Gritaba una voz desde afuera. Armando inseguro bajo un poco el cristal y pregunto
- qué sucede amigo? Cuál es la prisa?
- no ve que me estoy mojando. Contesto una mujer escondida bajo una gabardina negra. Armando apenado por la confusión quitó el seguro y dejo entrar a tan extraña mujer, era alta, grande y apenas se incorporo al asiento se quito la capucha que cubría su cabeza y todo ese hermoso rostro, tenía las facciones más perfectas que jamás haya visto tan asombrado conductor, aún conservaba el maquillaje y un aroma discreto emanaba invadiendo el coche, sus ojos perdidos de repente hicieron que Armando se concentrara en los enormes pechos que se asomaban tras la gabardina. La mujer sintió la mirada y casi perdida saco de su bolso un post-it con una dirección, la lluvia disminuía de apoco, pero no los truenos, la mujer parecía inmune al estruendo que estos ejercían sobre Armando.
- Un hobre así se asusta con eso?- dijo la mujer con la mirada fija al frente, a la nada.
- Que, las mujeres como usted no? Contesto el asustadizo Armando, y tomo el papelito de una mano fría. Encendió la luz para ver la dirección, la mujer seguía perdida en su mente, pero enseguida respiro hondo y miro a su conductor.
-necesito que me lleve a ese lugar- Armando encendió el coche y apago el estéreo que no terminaba de sintonizar. 11:11 y se apago.
El destino de tan extraña mujer se encontraba fuera de la ciudad ya estaban por llegar cuando por fin el silencio fue interrumpido.
- Me llamo Sonia. Y sacó de su bolso un cigarrillo
- Puedo?
Pregunto al conductor. Armando asintió con la cabeza, era un hombre extraño, poco amistaba con la gente y era de pocas palabras, pero eso si cuando una mujer le gustaba se valía de su mirada para seducirlas. Pero hasta ahora Armando no sabía si Sonia le atraía o le asustaba, su presencia era imponente y su belleza inquietante, pero había algo en su mirada que ponía una barrera entre esa seducción de Armando que sabía penetrar en cualquier otra mujer. Armando estudiaba las bocanadas de humo de Sonia y se percato que él no le era indiferente, pues esa manera de sostener el cigarrillo con los labios húmedos era de esas señales que él conocía a la perfección.
- Pero no me ha dicho usted su nombre, así es de callado? Otra bocanada.
- Armando.
Contestó sujetando el volante con una mano y mirando de reojo a Sonia que no dejaba de estudiarle también. A pesar del silencio había una comunicación entre ellos, una conexión extraña. Pronto llegarían a la dirección y el recorrido y su compañía terminaría en un instante. Sonia se veía nerviosa y su móvil sonaba entre las cosas de su bolso, pero solo lo tomó para ver el número y enseguida lo volvió a guardar. Justo pasando una pila de árboles allí estaba una casa grande rodeada de pinos y arbustos. Lo más cerca una gasolinera.
- Pues hemos llegado Sonia. Dijo Armando sin dejar de mirarla.
- Espéreme aquí no tardare, necesito me lleve a otro lugar.
Sonia bajo del coche decidida y siguió un camino de piedras, cuando llego a la puerta saco su llave y entro en la casa a oscuras. Armando espero en el coche, intentó poner música de nuevo sin éxito. Sacó un cigarrillo para esperarla.
La mujer entró a la casa a oscuras quiso encender la luz pero el interruptor no funcionó, pero ella era valiente, se quitó los tacones negros para no hacer ruido al fin conocía las sombras de cada detalle de su casa, ella lo había decorado todo, tenía su personalidad impregnada en los muebles, los cuadros y hasta en los peces que nadaban tranquilos esa noche.
- qué sucede amigo? Cuál es la prisa?
- no ve que me estoy mojando. Contesto una mujer escondida bajo una gabardina negra. Armando apenado por la confusión quitó el seguro y dejo entrar a tan extraña mujer, era alta, grande y apenas se incorporo al asiento se quito la capucha que cubría su cabeza y todo ese hermoso rostro, tenía las facciones más perfectas que jamás haya visto tan asombrado conductor, aún conservaba el maquillaje y un aroma discreto emanaba invadiendo el coche, sus ojos perdidos de repente hicieron que Armando se concentrara en los enormes pechos que se asomaban tras la gabardina. La mujer sintió la mirada y casi perdida saco de su bolso un post-it con una dirección, la lluvia disminuía de apoco, pero no los truenos, la mujer parecía inmune al estruendo que estos ejercían sobre Armando.
- Un hobre así se asusta con eso?- dijo la mujer con la mirada fija al frente, a la nada.
- Que, las mujeres como usted no? Contesto el asustadizo Armando, y tomo el papelito de una mano fría. Encendió la luz para ver la dirección, la mujer seguía perdida en su mente, pero enseguida respiro hondo y miro a su conductor.
-necesito que me lleve a ese lugar- Armando encendió el coche y apago el estéreo que no terminaba de sintonizar. 11:11 y se apago.
El destino de tan extraña mujer se encontraba fuera de la ciudad ya estaban por llegar cuando por fin el silencio fue interrumpido.
- Me llamo Sonia. Y sacó de su bolso un cigarrillo
- Puedo?
Pregunto al conductor. Armando asintió con la cabeza, era un hombre extraño, poco amistaba con la gente y era de pocas palabras, pero eso si cuando una mujer le gustaba se valía de su mirada para seducirlas. Pero hasta ahora Armando no sabía si Sonia le atraía o le asustaba, su presencia era imponente y su belleza inquietante, pero había algo en su mirada que ponía una barrera entre esa seducción de Armando que sabía penetrar en cualquier otra mujer. Armando estudiaba las bocanadas de humo de Sonia y se percato que él no le era indiferente, pues esa manera de sostener el cigarrillo con los labios húmedos era de esas señales que él conocía a la perfección.
- Pero no me ha dicho usted su nombre, así es de callado? Otra bocanada.
- Armando.
Contestó sujetando el volante con una mano y mirando de reojo a Sonia que no dejaba de estudiarle también. A pesar del silencio había una comunicación entre ellos, una conexión extraña. Pronto llegarían a la dirección y el recorrido y su compañía terminaría en un instante. Sonia se veía nerviosa y su móvil sonaba entre las cosas de su bolso, pero solo lo tomó para ver el número y enseguida lo volvió a guardar. Justo pasando una pila de árboles allí estaba una casa grande rodeada de pinos y arbustos. Lo más cerca una gasolinera.
- Pues hemos llegado Sonia. Dijo Armando sin dejar de mirarla.
- Espéreme aquí no tardare, necesito me lleve a otro lugar.
Sonia bajo del coche decidida y siguió un camino de piedras, cuando llego a la puerta saco su llave y entro en la casa a oscuras. Armando espero en el coche, intentó poner música de nuevo sin éxito. Sacó un cigarrillo para esperarla.
La mujer entró a la casa a oscuras quiso encender la luz pero el interruptor no funcionó, pero ella era valiente, se quitó los tacones negros para no hacer ruido al fin conocía las sombras de cada detalle de su casa, ella lo había decorado todo, tenía su personalidad impregnada en los muebles, los cuadros y hasta en los peces que nadaban tranquilos esa noche.


3 comentarios:
A es bueno en esto, describe cada detalle , que es facil imaginar la escenaaa ;)
gracias luis por leer mi blog y que te haya gustado, cuando gustes, saludos
una pregunta podria ver su blog, gracias. me gusta leer de todo.
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