Sonia subió las escaleras despacio pensando que podría ser un poco tarde, su hombre pronto se iría al salir el sol y no regresaría en meses así que era su última oportunidad para acabar con ese, con quien compartió orgasmo tras orgasmo, eso sí era un buen amante y le pesaba no encontrar a uno que le sustituyera. Sonia estaba decidida no hay peor humillación que cambiar el amor por una mujer de 25 años. El despecho estaba a flor de piel así que tenía que aprovechar, era el momento.
Entró a la recamara, ahí estaba él, desnudo y medio dormido entre las sábanas blancas y revueltas boca abajo, con su espalda ancha aún con rasguños de la última noche que se amaron. Sonia miraba por última vez su cuerpo perfecto y decidió hacerle el amor una vez más, sacó de su bolso un lipsitck rojo cereza para retocarse los labios, aventó los tacones y se levantó el vestido entallado; se dejó caer sobre su cuerpo para llenar su espalda de besos, así cuando la sangre brotara de su pecho combinara en las sabanas con el rojo cereza. Lamio su oreja mientras tocaba sus nalgas y entonces le hizo lo que nunca se atrevió, era una ocasión especial y se lo merecía. El otro entre sueños intento voltearse pero estaba cansado y se quedó quieto, Se quejaba pues Sonia era grande y entraba y salía y su hombre se quejaba y entraba y salía, el sudor, el éxtasis y al natural, un grito, mas sudor, la daga y entraba y salía y broto el color rojo y el rojo cereza las sabanas dejaron de ser blancas. Sonia había terminado.
Sonia escucho pasos; seria Armando? Se olvido de él por completo. Perdió la razón y seguía aun alterada, le había dejado muy claro que la esperara en el taxi. Armando entró y la vio ahí parada entre sombras; descalza y el vestido chueco, vio las sabanas, el cuerpo, el rojo cereza y la daga cubierta de sangre aún empuñada en la mano de Sonia; la expresión de Sonia casi pálida con el lipstick por toda su cara y Armando no se explicaba quiso retroceder; la miraba con atención un bulto extraño que sobresalía de entre sus piernas de la que fue su fantasía. Ella o él se adelantó a Armando y le tomó del cuello con fuerza haciéndole perder la respiración, este recargado en la pared moría de confusión y asfixia.
- Te dije que me esperaras en el taxi, me has complicado todo tendré que matarte. No dejaba de gritarle y amenazarle con la daga llena de sangre y le golpeo con la rodilla hasta que cayó inconsciente.
Cuando despertó se vio amarrado y amordazado con cinta gris totalmente inmovilizado dentro de la cajuela del taxi. Casi no podía ver y pensó que no viviría.
Entró a la recamara, ahí estaba él, desnudo y medio dormido entre las sábanas blancas y revueltas boca abajo, con su espalda ancha aún con rasguños de la última noche que se amaron. Sonia miraba por última vez su cuerpo perfecto y decidió hacerle el amor una vez más, sacó de su bolso un lipsitck rojo cereza para retocarse los labios, aventó los tacones y se levantó el vestido entallado; se dejó caer sobre su cuerpo para llenar su espalda de besos, así cuando la sangre brotara de su pecho combinara en las sabanas con el rojo cereza. Lamio su oreja mientras tocaba sus nalgas y entonces le hizo lo que nunca se atrevió, era una ocasión especial y se lo merecía. El otro entre sueños intento voltearse pero estaba cansado y se quedó quieto, Se quejaba pues Sonia era grande y entraba y salía y su hombre se quejaba y entraba y salía, el sudor, el éxtasis y al natural, un grito, mas sudor, la daga y entraba y salía y broto el color rojo y el rojo cereza las sabanas dejaron de ser blancas. Sonia había terminado.
Armando esperaba impaciente, su cajetilla había terminado y su paciencia también. Así que cerró el coche y se adelanto hacia la casona, al llegar a la puerta tocó nerviosamente con un anillo de plata que tiempo atrás se había encontrado en el asiento trasero de su taxi. Al no obtener respuesta entro secretamente en penumbras y sorprendido de que aún no se haya encendido ninguna luz, al poco rato sus pupilas se habías adaptado y pudo percibir muy a lo lejos una luz tenue que venía de la alcoba del segundo piso. Su corazón le brincaba ese aroma que bajaba por las escaleras sin duda era de Sonia. Pero donde estaba ella, porque tardaba tanto. se arrepintió de haber entrado, tal vez su esposo estaba ahí y se pondría celoso, que le diría, como justificaría el estar dentro y como se lo había indicado Sonia. De cualquier forma ya estaba dentro y muy cerca de su recamara, su respiración seguía alterada, eran sus labios, su perfume, los senos que recordaba, su mirada altiva y seductora, la manera de apretar el cigarro y ahora la incertidumbre, dijo no tardaba y ya llevaba más de 20 minutos, estaba preocupado y además no le había pagado.
Sonia escucho pasos; seria Armando? Se olvido de él por completo. Perdió la razón y seguía aun alterada, le había dejado muy claro que la esperara en el taxi. Armando entró y la vio ahí parada entre sombras; descalza y el vestido chueco, vio las sabanas, el cuerpo, el rojo cereza y la daga cubierta de sangre aún empuñada en la mano de Sonia; la expresión de Sonia casi pálida con el lipstick por toda su cara y Armando no se explicaba quiso retroceder; la miraba con atención un bulto extraño que sobresalía de entre sus piernas de la que fue su fantasía. Ella o él se adelantó a Armando y le tomó del cuello con fuerza haciéndole perder la respiración, este recargado en la pared moría de confusión y asfixia.
- Te dije que me esperaras en el taxi, me has complicado todo tendré que matarte. No dejaba de gritarle y amenazarle con la daga llena de sangre y le golpeo con la rodilla hasta que cayó inconsciente.
Cuando despertó se vio amarrado y amordazado con cinta gris totalmente inmovilizado dentro de la cajuela del taxi. Casi no podía ver y pensó que no viviría.


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